Abordan la salud mental en el libro “Está bien no estar bien”

Abordan la salud mental en el libro “Está bien no estar bien”

Más que un compendio teórico para los adolescentes, es una invitación a conversar sobre el tema desde diversos puntos de vista y experiencias a cargo de escritores y especialistas 

Israel Morales, Monterrey

“Está bien no estar bien” es un libro coordinado por Arianna Aquino y Rafel Cessa y responde a una pregunta principal: “¿Qué respondes cuando te preguntan cómo estás?”. Y esta obra, editada por Santillana, en su división Loqueleo, más que un compendio teórico para los adolescentes, es como lo mencionan: una invitación a conversar sobre la salud mental desde diversos puntos de vista y experiencias, con escritores y especialistas. Si se cree que a nadie le interesa escuchar, no es así: siempre hay alguien dispuesto a escuchar y compartir, como lo indican los autores.

Esta obra reúne todo lo posible sobre los momentos difíciles y cómo el dolor está presente, así como el enojo, la ansiedad, la tristeza o la soledad. ¿Pero qué hay en este libro? De todo, porque así es como se abre el diálogo. Desde cartas, como la que escribe Inti García Santamaría, quien la envía a un adolescente con trastorno de ansiedad social que en algún momento va a encontrar un alivio y que aprenderá a sobrellevar el ausentismo y la soledad, el miedo a convivir y esa tortura que es el miedo a comer ante extraños. 

A partir de un relato es como Abril Castillo responde a la preocupación y al “¿por qué sobrepienso?”, y es con el texto “Kosovo” como lleva por una historia que sucede en la escuela, lugar, hay que decirlo, de grandes preguntas.

Dahlia de la Cerda habla de la salud mental a través de un remix, de aquellas canciones que las trae “en la piel”, como “Autosuficiencia” de Parálisis Permanente, “De qué me culpas”, de Fangoria, “Yo yo y yo”, de Cazzu, porque como indica: “Hay canciones que resumen mi vida mejor que cualquier diagnóstico”. La autora lo remarca: “hablar de salud mental no debería avergonzarnos” (pág. 26).    

Una suerte de memoria es la que aborda Ricardo Chávez Castañeda en la “El niño que era un volcán”, quien recuerda a los amigos y sobre todo el enojo, la ira, lo que le perjudicaba a él y a quienes lo rodeaban, y que, reconoce, siempre comprendieron su descontrol.

Como un testimonio, así aborda Frida Cartas la depresión en “Hasta siempre, Alfonsina mía”, desgarrado y cómo salió adelante para construir los restos de lo que quedó, luego de una dura experiencia y que nunca dejó de creer. 

RESPUESTAS A LAS DURAS PREGUNTAS

Olivia Teroba también da su testimonio en “Vivir con una misma” y cómo ha sobrellevado el trastorno de ansiedad generalizada y la depresión crónica, y todo lo que sortea en el día a día. La escritora da los detalles de cómo es que sigue trabajando en las emociones y sentimientos, y cómo transmitirlos cuando lo considere pertinente.

En “Un electroencefalograma que sonríe”, Alejandro Paniagua Anguiano escribe sobre la búsqueda de medicamento en las farmacias y lo complicado que son 30 días sin tratamiento para su salud, en esta narración que aborda con lujo de detalles, en un complicado contexto de discusión familiar.

Sylvia Aguilar Zéleny enumera cómo empezaron sus problemas de insomnio asociados a la depresión en “Pequeña ansiedad” y cómo puso todas sus herramientas de creatividad para sobrellevarlo.  

El relato de Ilallalí Hernández en “Te enojas mucho, mucho” narra cómo es que se dieron esos síntomas de su furia, que remite a una noche en un hospital, las recomendaciones del doctor y sus referencias a Hulk, que liga muy bien a ese trazo que hace sobre el enojo. 

   

“Las no respuestas” está firmado por La prima de Karina y es un texto desgarrador que aborda el dolor y la pérdida, cuando una fatal decisión llega y quien narra se enfrenta al desconcierto familiar y a no saber qué es lo que pasa. Un relato que cierra este apartado.

Entre cada texto hay preguntas interesantes sobre los temas, pero quiénes las responden. Así hay un capítulo dedicado a los que tuvieron esa difícil, pero a la vez vital encomienda: María de Jesús Paz Rodríguez, psicoterapeuta infantojuvenil, quien se presenta en una carta y da detalles para los adolescentes, quien considera que su colaboración con ellos ha sido de aprendizaje y crecimiento a la par.

Edmundo Arana Estrada, antropólogo social especializado en adolescentes, de quienes, menciona, se aprende mucho, tal y como ha sido su experiencia.

Mariel Márquez Olivas, psicoterapeuta con especialidad en adolescentes, escribe cómo las redes de apoyo son esenciales, sobre todo que los adolescentes tengan las respuestas adecuadas ante las grandes dudas que surgen en estos días. 

Se complementan con los capítulos: “Pequeñas recomendaciones para cuidar tu salud mental”, “Si en algún momento necesitas ayuda…” (con teléfono de contactos de soporte), “Bordar sus miradas”, así como una explicación sobre el fotobordado que se utiliza en el libro, que es “una técnica artística contemporánea que utiliza la fotografía impresa, hilos y aguja para resignificar imágenes y las sensaciones que nos evocan”.

Y sí, las fotos conforman una historia aparte, desde el punto visual y estético, y para adentrarse en los textos, tips y consejos de esta obra.