Javier Téllez configura el campo semántico que definió a este artista que dejó una obra lúdica, espiritual e inquietante, y plasma en “Atlas” la muestra de ese legado artístico
Israel Morales, Monterrey
Muchos conceptos rodearon a Arthur Bispo do Rosario (Japaratuba, 1911-Río de Janeiro, 1989). El artista que combinaba elementos lúdicos y espirituales conformó una obra que atiende a diversos elementos universales provenientes de los diccionarios y las enciclopedias, para configurar así una muestra que se nutre de la cartografía en toda su amplitud, y que gracias a Javier Téllez y Alias Editorial se plasma con el nombre de “Atlas”, para englobar ese campo semántico que llevó a la elaboración de sus grandes creaciones.
Acceder al “Atlas” de Bispo es también navegar por esas aguas para quien explore su obra, así es como Téllez lo define en su justa magnitud:
“Podemos fácilmente imaginar la obra de Arthur Bispo do Rosario como un gran barco, un arca de Noé que contendría en su interior todos los materiales existentes en la Tierra, acumulados allí para que puedan sobrevivir el día del juicio final. Pero el Atlas de Bispo do Rosario es también una stultifera navis, una nave de los locos, que navega aguas desconocidas donde la razón y la sinrazón dejan de ser coordenadas tangibles”.

Y es que Téllez lo pone en una gran perspectiva: el artista del trance místico que vagó y se presentó en el monasterio de Sao Bento, en el centro de Río de Janeiro, como el Hijo de Dios, que resucitaba para juzgar a los vivos y a los muertos, y que desde luego los frailes llamaron a la policía; de ahí lo mandaron al hospital Nacional Dos Alienados, donde le diagnosticaron una enfermedad mental. Después lo pasaron a la Colonia Juliano Moreira, institución en la que pasó gran parte de su vida hasta su fallecimiento el 5 de julio de 1989; este es el artista y su legado, que está compuesto por más de 800 piezas que bordó y ensambló en su celda en el pabellón Ulisses Vianna. “Realizó dicha obra atendiendo a las voces que le ordenaban inventariar todos los materiales existentes en la Tierra, como preparación para el juicio final” (pág. 7).
Téllez además salta entre conceptos para marcar el Atlas como el punto de partida, de esa recopilación de materiales de uso, con la idea del inventario que tanto merodeó a Bispo do Rosario.
Y si además salta el espíritu explorador, el lector puede zarpar del Azul, ese color asociado a la visión mística, prueba de ello es su “Vitrina fichero XXII”, que se aprecia en la obra con el arte de deshilvanar para bordar sobre tela los nombres y cargos del lugar donde habitaba, y así naufragar a Banderas, como signo de su pasión por la geografía, y como ejemplo está “A vosotros habitantes del planeta Tierra, os presento sus naciones”, grata experiencia del uso de sus materiales.

El mar no cesa, porque como decía: “Ningún hombre puede vivir sin un barco… el hombre que no tiene un barco está perdido” (pág. 12), y de Barcos es su recreación vistosa que se aprecia con una foto ilustrativa, como lo van a ser muchas en el gran apartado de este volumen, porque sí, Bispo estuvo en el Cuerpo Nacional de Marina, de ahí los ejemplos que tuvieron como referencia los navíos y el mar.
Y este Atlas marca una gran ruta con Bordado, práctica textil que escogió como su medio de expresión, y hay grandes muestras en este libro, así como las botellas, símbolo de ese lanzamiento de mensajes al mar, y desde luego el boxeo, al que se dedicó de 1928 a 1935, y su obra no está exenta de esta influencia. A destacar los recortes de periódico, que incluyen en este temprano apartado.
Pero hay más y que vale la pena que los lectores se detengan entre las aguas, como el Bricolage (como autor que trabaja con materiales que encuentra, muchos de ellos del mismo lugar en el que era paciente), la Cama, el Carrusel hasta la Colonia Juliano Moreira, como parte esencial de sus creaciones, donde acometió “la recreación del mundo”. Desde luego el orden no altera el sentido que le da Téllez a este Atlas, pues es tan entretenido como un gran recurso para acceder al universo de Bispo.

ARTE MARGINAL Y CARTOGRAFÍA
Esta cartografía no tendría razón sin esa alternativa que significó su paso por el arte marginal, el cual es absoluto, y a su campo semántico entran conceptos como Epifanía, Estandartes, Fotografía, Juicio Final, Kitsch, Locura, Macumba, Geometría, Habitantes de la Tierra, hasta llegar a dos que sin duda fueron de relevancia para el artista: Frederico Morais, quien descubrió la obra de Bispo en un documental de denuncia sobre la situación de la colonia Juliano Moreira hecha para el programa “Fantástico” de TV Globo, y transmitido en cadena nacional el 18 de mayo de 1980, y a partir de ahí crear todo un aparato crítico y de acercamiento hacia su obra, o Manto de Presentación, el cual viene en la portada del libro, que es un cobertor de lana bordado con dibujos que reproducen sus obras, y que se le considera la pieza más icónica de Arthur Bispo.
“En esta pieza se juntan magistralmente la pulsión mística y la lúdica, creando un matrimonio perfecto entre lo sagrado y lo carnavalesco, que es característico del atlas de Bispo do Rosario. El Manto de Presentación es un capote suelto sin mangas que posee en el centro un agujero para pasar la cabeza, y fue concebido por Bispo do Rosario para que le sirviese de atuendo cuando se presentase ante Dios Padre el día del juicio final” (pág. 63).
Pero hay más tonos que se despliegan en este volumen, como Negro, Noches, Objetos, Outsider Art, Psiquiatras, Quarto-Forte o Xerife, en alusión a que en el Pabellón Ulisses Viana asistía a los enfermeros en el control de pacientes, pues su experiencia como boxeador y su resistencia física “hacían que su rol como colaborador fuese altamente apreciado” (pág. 105). Como realizaba también labores de limpieza, las cuales no eran remuneradas, le daban acceso a la obtención de objetos para realizar su trabajo.
La segunda parte del libro es para tener encuentros visuales con su obra, con el tamaño ideal para apreciar las imágenes en su justa magnitud, con los distintos elementos que poblaron una de las obras más emocionantes y sin igual en el arte latinoamericano.