El pasado 31 de enero, el músico inglés llegó a 75 años, rodeado de historias, algunas de las que se pueden leer en su libro “De la revolución a Roxy”, editado por Efe Eme
Israel Morales, Monterrey
El pasado 31 de enero, el músico inglés con raíces colombianas llegó a 75 años, rodeado de historias, algunas de las que se pueden leer en su libro “De la revolución a Roxy”, editado por Efe Eme (distribuido por Océano).
Phil Manzanera, sin duda, es una de las mayores leyendas de la historia del rock, cuyo trabajo siempre tiene como referencia a Roxy Music, banda a la que le imprimió no solo su sello en la guitarra, sino su espíritu de vanguardia, y con esa palabra ligada a su vida, revolución, esa que se respiraba en su infancia en Cuba y que además se liga a la inquietud de que querer en realidad hacer un cambio en la música, y desde luego que lo logro: está en la palestra rockera y en la banda que cambió las formas de apreciar y escuchar el rock en su justa magnitud.
Pero esta es solo una de sus facetas, porque además es compositor, arreglista, productor y escritor, porque así lo firma en esta obra “De la revolución a Roxy”, con traducción de Ramón de España, quien también se encarga del prólogo.
Phil nació el 31 de enero de 1951. Y es en los primeros capítulos en los que reparte algunas historias de su infancia en Cuba –literalmente en medio de la revolución, mientras volaban las balas– y la lucha que se respiraba en las calles, así como Colombia, Hawái y Venezuela. Y es de saber que en Sudamérica tendía un puente con su vida, su mamá era colombiana y su papá inglés, quien trabajaba en una empresa aeronáutica, BOAC, lo que le dio siempre esa inquietud. Pero todo daría un giro cuando llegó a un gris internado londinense de los años sesenta, el Dulwich College. Y fue en 1964 cuando integró a su primera banda en serio: Pooh and the Ostrich Feather and Light Show. Pero una noticia inesperada llegó: su papá murió repentinamente. Tras la muerte del patriarca de la familia, se trasladaron a Colombia, país al que le guarda un gran afecto. Meses después estaba de regreso en el colegio en Londres, y gracias a sus inquietudes musicales y a su hermano, es que conoció a finales de los años 60 a un músico excepcional y que recién se había incorporado a Pink Floyd: David Gilmour, quien fue su inspiración, así como Robert Wyatt, baterista de Soft Machine. Y tanto así que definieron sus intenciones, lo que quedó claro cuando un maestro le preguntó qué profesión quería ejercer en un futuro, a lo que respondió: guitarrista de rock.
Y así empezó una dura carrera rumbo al estrellato. Y en esos azahares del destino, y de la música, su amigo Bill MacCormick le dio la noticia de un anuncio en la revista “Melody Maker” de una banda llamada Roxy Music: “Se busca al guitarrista perfecto para un grupo de rock de vanguardia: original, creativo, adaptable, melódico, rápido, lento, elegante, ingenioso, aterrador, estable, errático. Solo músicos de calidad” (pág. 62).
Este grupo estaba integrado por el vocalista Bryan Ferry y el multinstrumentista Andy McKay (oboe, saxofón), además de un talentoso músico, Brian Eno (sintetizadores), y el baterista Paul Thompson, así que su incorporación se dio de manera gradual, como lo narra en la obra, y ya que incluso hizo sus primeras labores en la producción, no tardó en congeniar en gustos y lanzarse a los escenarios, lo que representaba la prueba de fuego. También así llegaron las primeras grabaciones. De esta manera, el joven Phil se encaminaba a ese gran sueño: ser un músico profesional.
La vida en Roxy
Esta etapa la considera Phil la más memorable de su vida. En 1972 se integra a Roxy Music y le da su estilo en las seis cuerdas con su Gibson 335, y no duda en señalar el talento de Eno, con el tratamiento que le dio a los instrumentos, además de su sintetizador VCS3, que así sellaba su especial sonido. Pero si de estilo se habla, también por esas fechas nació su look particular gracias al estilista Antony Price, quien le puso una chaqueta de cuero y unas gafas de sol o gafas de mosca con diamantes en los cristales. Esta es una de las características que le dieron el toque de vanguardia, aunque él aún se sigue maravillando de no haberse caído nunca del escenario. Con esos lentes luce en la portada del libro.
Así llegaron las grabaciones, como su disco epónimo, que le dio a Roxy Music el reconocimiento a nivel internacional, y además de posicionarlo como uno de los músicos que ya había ganado prestigio. Pero como toda banda, los contrastes estaban a la orden del día y las diferencias se habían marcado, sobre todo entre su vocalista Bryan Ferry y el tecladista Brian Eno, así que en 1973 deja a la banda, y Phil, entre tantas versiones, sabe que una amistad es para toda la vida. Aún mantiene ese contacto que trasciende también en lo musical, pues no hay que olvidar el supergrupo que hizo junto con Eno, 801, que le dio también pautas para extender su carrera, que ya se había dado con su primer disco solista, “Diamond head”.
La fila de discos y todos sus detalles son radiografiados por Phil en esta obra, desde el “Roxy Music” (1972), “For you pleasure” (1973), “Stranded” (1973), “Country life” (1974), que no duda en abordar por qué fue tan polémica su portada, hasta “Siren” (1975), “Manifesto” (1979), “Flesh and blood” (1980) y el último de estudio, el exitoso “Avalon” (1982).
Y anécdotas, todas, desde las grabaciones en los grandes estudios como Abbey Road hasta el problema con la policía en Canadá por cosas de excesos, no de él, sino de un integrante de otro grupo, pero que narra con cierta gracia, sobre todo en el que Ferry nunca perdió su estilo y comportamiento.
Así, los gloriosos años intermitentes al frente de Roxy Music culminaron con su gira del 50 aniversario, la cual describe al pie de la letra y con todo su arsenal descriptivo, porque hay que decirlo, en esta autobiografía, Phil no se guarda nada. Así que si quieren saber qué significa Roxy Music en su vida, hay una bella metáfora de un auto Rolls Royce, es decir, sacarlo de vez en cuando a dar una vuelta, pero “que no estaba diseñado para la vida real” (pág. 194)
Más tomas de su vida
Su desbordante creatividad lo ha llevado, aparte de firmar una extensa obra propia, a colaborar con Pink Floyd, John Cale, David Gilmour, Bob Dylan o Pretenders, tomas que también abre tras los camerinos y sobre todo en esas grandes gemas de la producción. Además, alentado por sus orígenes latinos y su instinto musical, ha producido discos a Fito Páez, Paralamas do Sucesso, Aterciopelados y Héroes del Silencio, banda con la que abre el capítulo 8, llamado “En busca de raíces”. Así que Bunbury y compañía, con algunas peripecias y cosas de la vida de las estrellas de rock, se metieron a los estudios Kirios de Madrid, y le deben a Manzanera el gran sonido de “Senderos de Traición” y el siguiente álbum doble, “El espíritu del vino”. Phil también los acompañó en directo, como un evento en Las Ventas, de Madrid, en 1991, con una foto que captura ese momento.
Pero esta es solo una parte de su inquietud le llevó pronto a desarrollar proyectos paralelos personales, porque es ante todo un músico gozoso, y que de ahí salta a descubrir y tocar más, como lo hizo con el grupo cubano Los Moncada, en 1991.
Al tiempo que su orgullo por su herencia colombiana y su amor inquebrantable por América del Sur lo condujeron a un mundo de ritmos y sonidos. Así regresó a Colombia, pero no era como se imaginaba, y que le tocó visitar en momentos críticos. Una gira de 1992 en la que compartía cartel con Gilmour o Roger Daltrey, en medio de conflictos del narco, lo que le dio un carácter tenso que no pasó a mayores. Fue en estos días en que se reunió en Bogotá con sus familiares colombianos, quienes por centenar tenían la curiosidad de conocer a ese pariente inglés famoso. Parte que capta también en unas instantáneas.
Además en estas páginas hay un gran apartado fotográfico, entre más intrigantes relatos familiares sobre espionaje, piratas, ilegitimidad o años duros como todo en la vida, que es en suma, insólita y apasionante, tan intensa como bien vivida, así lo narra en el prólogo Ramón de España, que titula como “El extraño caso del Sr. Target-Adams y Mr. Manzanera”.