“Vírgenes y toxicómanos” es la obra reciente de Mario Mendoza, uno de los escritores más reconocidos de Colombia, quien vino a la FIL Monterrey a presentar este libro
Israel Morales, Monterrey
Desconcertante y misteriosa, así definen la reciente novela de Mario Mendoza, “Vírgenes y toxicómanos” (Planeta). Anton Echeverry, un padre ejemplar y un profesional comprometido con la defensa de los derechos humanos, sufre una crisis profunda tras la muerte de su esposa. Lo único que logra frenar su caída al abismo es su hijo Martín, un brillante estudiante de sociología, que quedó discapacitado en un accidente años atrás. Un día escucha por casualidad una conversación entre el joven y su mejor amigo, Matías, un compañero de universidad que anda en muletas por una poliomielitis.
Anton pone en marcha un audaz plan para ayudarlo. Su estrategia impactará la vida de Martín y su amigo, quienes son esa cadena que inició Anton, pues conocen a dos chicas que son amigas, Karla y Katherine, pero un suceso inesperado llevará a algo inesperado que puede ser parte de otra dimensión, o que en cierta forma tenga explicaciones que rebasan la realidad.
De esta obra platica el autor colombiano en entrevista.
¿Cuál fue la semilla de “Vírgenes y toxicómanos”?
Yo quería escribir un libro hace mucho tiempo, en donde los protagonistas fueran dos personas con discapacidad, en este caso un chico en una silla de ruedas y un amigo de él en muletas, y tenía muchos deseos de lanzar una novela con dos protagonistas, aunado a esto hay un universo paralelo a un universo extraño o raro. Por ejemplo uno de los personajes mexicanos que más me influyó en esta novela fue Jacobo Grinberg, el científico mexicano que desapareció en 1994 y que cuya historia no deja de ser al día de hoy todavía un misterio. Entonces los deseos de dos personajes que no fueran desaparecidos políticos, que no fueran desaparición forzada, sino que fuera una desaparición inexplicable e ir tejiendo el hilo de un thriller en esa línea, y eso es “Vírgenes y toxicómanos”. Ellos pierden la virginidad con dos chavas que también son amigas y, bueno, toxicómanos por toda la exploración no que hay sobre las drogas.
Que todo cambia para ellos, con un giro inesperado…
Hay como un timonazo, como que la historia va torciendo, va girando lentamente poco a poco. Ahora había también algo que me seducía mucho y es esto sobre el título, la palabra virgen, nosotros la pensamos en femenino por la tradición religiosa. Obviamente yo quería mostrar a los dos hombres, a los dos protagonistas y toxicómanos, porque se la pasan fumando mota todo el día, pero también van probando otros otros alucinógenos y empieza ahí algo que podríamos llamar psiconautas, que son los que van probando estados alterados de conciencia a través de ciertas sustancias, entonces también la novela tiene tintes de iniciación, de ser iniciados en un misterio, en algo raro y ese timonazo que es conducido a ese misterio poco a poco.
¿Fuiste a algunos lugares para llegar a esta historia?
Hay una zona, como un pequeño lago, como una pequeña laguna que está en las afueras de Bogotá. En esa zona ha habido avistamientos raros, extraños; la gente habla mucho de esa zona. Entonces ponerlos ahí, investigar un poco alrededor de lo que han sucedido los últimos años en ese lugar y algunas historias que se han vuelto ya casi como de tradición oral, me fueron ayudando mucho y por el otro lado conversé y hablé con varios protagonistas de la vida nacional que han vivido en algún momento de su vida algo inexplicable; opcionalmente algo que se sale por completo de las coordenadas establecidas. Entonces yo creo que el hecho de haber escrito esos reportajes, el hecho de haber estado también recorriendo todo el continente, porque yo recorrí desde México, desde el jardín de Edward James en Xilitla, en San Luis, yo estuve ahí durante varios días haciendo trabajo de campo, que es uno de los lugares más misteriosos de todo el planeta, creo que está ahí en México y luego bajé por todo el continente hasta la Patagonia; entonces el hecho de haber estado con varios chamanes en Perú, en Bolivia, de haber recorrido zonas colombianas mexicanas, argentinas, me fue dando como el tono, porque la clave de todo es el tono. Si el lector sabe que estás mintiendo o que te estás sacando un conejo de un sombrero para asombrar falsamente se dará cuenta, pero yo creo que si siente que el hilo es real, que tú estás narrando con honestidad y con honorabilidad, te acompaña hasta el final. Creo que eso es lo más difícil, el tono.
Se considera tu novela una de las más aterradoras y misteriosas, ¿qué tanto de tu novela se puede considerar que apela a la realidad?
Creo que también está esa sensación que uno tiene a veces de irrealidad, digamos que uno muchas veces tiene el pálpito, la intuición que si esto es una porción o un giro entre tantos o no sé yo, cada vez no sé si es el efecto de estar escribiendo ya a lo largo de tantos años, pero yo ya no tengo clara la frontera, ya no sé dónde entra la realidad y la ficción, dónde se ubica esa frontera. La verdad siento que a lo largo de los años se ha venido perdiendo el principio de realidad y en lugar de que me parezca grave, siento que es una ventaja y es una ventaja cuando uno está escribiendo libros como este, porque es una sensación que yo digamos percibo y asimiló todos los días de mi vida.
Entonces yo creo que eso también ayuda a que el lector sienta que está hablando a alguien que de verdad se mueve todo el tiempo entre esos límites, en ese ir y venir digamos.
¿En realidad estamos en tránsito en esta vida?
Creo que sí. Hace unos años teníamos un principio de realidad. Creo que antes de la pandemia teníamos la sensación de un principio de realidad fijo, pero después de la pandemia hay como las sensaciones de entrar en una distopía total. Creo que después de la pandemia vino Ucrania, después de la pandemia vino Medio Oriente, la segunda llegada de Trump y al día de hoy lo que es increíble es que no sabemos dónde se originó el virus tampoco de la pandemia, es un misterio, no nos dijeron que era una transmisión zoológica, pero en realidad no fue así, en ninguna de las investigaciones ningún murciélago apareció contagiado y que pudiéramos confirmar esa hipótesis. Entonces siento que ya estamos en una distopía total, estamos en una locura generalizada y cuando entramos en entropía yo creo que es imparable. Creo que vamos hacia una entropía cada vez mayor, entonces también nuestro propio presente no es tan claro, ya estamos en curva, ya estamos ingresando en esa curva misteriosa y rara. Creo que la novela es más fácil de leer ahora a que si la hubiera publicado antes de la pandemia, por ejemplo.