Lo mejor de la literatura regia, presente en la UANLeer 2026

Lo mejor de la literatura regia, presente en la UANLeer 2026

Esta es la primera parte de libros de autores locales de lo mejor del 2025, algunos se presentarán en esta feria de la Universidad; los otros estarán disponibles en distintos stands de sellos invitados

Israel Morales, Monterrey

Esta es la primera parte de este conteo de los mejores libros de autores locales del 2025, en la que destacan géneros como la poesía, algo de memorias y una obra de investigación histórica. Algunos de estos autores presentarán sus obras en la UANLeer a celebrarse en Colegio Civil Centro Cultural Universitario a partir de este miércoles 11 de marzo. Las otras obras estarán disponibles en los distintos sellos invitados de la Universidad. Salen los primeros, del 10 al 6.

10. Ismael Cedeño – “Desconexión” (Funámbulo)

Ismael Cedeño nació en Manta, Ecuador. Actualmente reside en Monterrey. Es ingeniero en desarrollo sustentable y se dedica a gestionar impactos ambientales y sociales en festivales de música. Por eso temas como la tecnología y el ecosistema están presentes en “Desconexión”, poesía para adentrarse en los destellos de este mundo digitalizado, pero que no se puede quedar absorto ante el entorno y ver cómo los recursos naturales deben estar dentro de todo radar social, no se diga de la poesía. Esta obra se divide en “Diario de un cyborg”, “Las últimas horas de la luz”, “La muerte de un cyborg es la independencia de la máquina” y “Poemas orgánicos”. En “Redes sociales” alude a ese algoritmo que a partir de que localiza a alguein en la red, no lo va a dejar en paz:

“engañan un cuerpo proletariado que pinta

y no se concentra por las condenas

en un cuerpo latino donde corren lágrimas

también corre el mar y la maldición

de recursos naturales como hongos

de un gnomo nómada andino

que vuela para no volver

a rezarle al algoritmo” (pág. 10).

Los recursos naturales están presentes en un linaje que tiene una referencia robótica y cómo el ser se pixelea ante lo que depara el futuro:

“hidrocarburos hacen girar

turbinas que potencian ondas

eléctricas que alimentan

un robot que pintó la cara

de mi abuela sobre su ataúd

es irreversible

dependemos del petróleo

en la vida y la muerte” (pág. 24).

Y sí, todo es parte de un texto cifrado en la computadora, de ahí fluye el poema de Cedeño, “Pensamientos.Txt”:

“esculpiste tantas caras porque

no conoces tu rostro

online offline

on life

esculpiste un multiverso

plantaste hiedras en sus oídos

las pintabas de morado

los lunes

de verde

los domingos

nunca entendí por qué creaste tantas caras

por qué imaginaste tantos colores

si tu espejo era negro” (pág. 39).

“Pachamama” es un poema que abarca todo: el origen de la voz poética, incendios forestales, sequías, inundaciones, cambio climático, el planeta, Medio Oriente, Dios, tecnología, biodiversidad, sostenibilidad y referencias a Sonora y Nuevo León, estado donde radica:

“el cambio climático no existe

para la montaña

para la flor que mira el cisne

color rojizo ocre

como el suelo muerto en Sonora

cobrando en cobre

el agua que si bebes te ahoga

en hidroeléctricas que alimentan plantas de balas

lloviendo sobre inocentes en medio oriente

lluvia ácida en Nuevo León

brotan de mis ojos

publicidad encima de encinos

y una migración

sobre mi espalda

explota una pluma

nepal sobre la piel

tinta seca

desiertos de amor

como los de Zurita

servers que ya no funcionan

raíces abajo del suelo

e

c

a

s

Dios te salve materia orgánica

nos olvidamos de nuestras células

BIODIOVERSIDAD” (págs. 63 y 64).

  

9. Julio Mejía III – “Popurrí” (UANL)

Julio Mejía III llega a la poesía, o la poesía le llega, desde distintos ángulos y a ninguno le hace el feo. “Popurrí” es tan acertado como mezclar grandes hits y decir que no faltó alguno, porque hay de todo: para reír, llorar –no tanto–, gritar y desgañitarse. Porque si pensabas que en poesía y pop ya estaba todo dicho, estamos equivocados, la poesía es el principio de toda acción como en el poema “198X”, que es un regreso a una década futurista, los 80, más que en la que se vive, en el que hay “de tocho”, pero sin duda hay que emprender un viaje al apocalípsis en un Pontiac Thunderbird a ritmo de sintetizadores. Hay más finales necesarios como “Apocalípticos e integrados”, poema que va de lo metódico a la libertad, de lo culto a lo que incorpora una historieta y rock alternativo. Y si de superhéroes se trata está “Batman”, que solo un fan puede saber de cuál versión se trata: “Proteger a la ciudad de sus propias pesadillas” (pág. 11). Y porque si se trata de poesía, “es porque beberé”, esta es una historia de amor basada en un refresco de la vida real:

“y la máquina expulsó dos latas

grabadas con nuestros nombres.

Y entonces lo supe,

y ella también lo supo

porque este tipo de cosas

pasan solo una vez en la vida.

Yo era un sediento osito polar en víspera navideña

y ella, la última Coca del desierto” (págs. 12 y 13).

Hay excepciones cultas a la regla, como el que dedica a “Colombia”, “Édgar se cae”, sí, aquel niño del video viral que se cayó al intentar cruzar un río, pero este es el Édgar de varios, como el “César que cruzó el Rubicón” o a “Disney”, con el ritmo del poemínimo, que hay que aclarar que hay un poema con este título, o un “Epigrama”, y habida cuenta de que los clásicos están de moda, ahí se avienta uno de “Fausto” o uno de “Zodiaco”. Mejía III no deja nada para pies de página y están “Pop”, “Drácula”, “McDonalds”, “Warhol”, “Superman”, que aquí dejo un extracto para no dejarlos con las ganas:

“El olor de la kriptonita me hace llorar a gritos.

Solo quiero un descanso de girasoles o de anteojos,

solo quiero no ver estrellas rojas,

ni mutantes, ni alienígenas, ni dioses” (pág. 56).

Y si quieren ser aún más parte de la vida moderna que en estos días te da muchas opciones, lee el siguiente llamado “Poema nuevo para el emprendedor”:

“Este poema

es una obra maestra

pero no puede ser apreciado

por los mensos” (pág. 49).

No se queden con las ganas de leerlo; el libro y su contenido no se venden por separado.      

Julio Mejía presentará esta obra en la UANLeer el sábado 14 de marzo a las 18:00 en el Aula Juan Manuel Elizondo. Con la participación de Dina Tunesi, Jacobo Molina y el autor.

8. Lorena Sanmillán – “Me acuerdo. Sí me acuerdo” (UANL)

El ejercicio de la memoria da para mucho, para partir de la historia personal, la colectiva, la del mundo. En “Me acuerdo. Sí me acuerdo”, Lorena Sanmillán sube los distintos escalones a través de la mente y abre no solo una, sino muchas puertas, y además nos lleva a décadas que aciertan en que los lectores de seguro van a decir: “Yo también me acuerdo”. Pero este es un libro de memorias, de historias, quizá puede tener partes de novela, y es así como en el “Me acuerdo de” se va la vida, con un estilo que envuelve, que capta el momento, pero que también encuentra en la literatura respuestas que tal vez han cambiado con los años, si es que se parte de la historia personal. Aquí unos ejemplos de esta obra de la autora regiomontana: “Me acuerdo de cuando usaba reloj”, “Me acuerdo cuando tejía bufandas”, “Me acuerdo cuando tenía ilusiones” (pág. 9).

“Me acuerdo de esos viernes cuando aún no existía Netflix e ibamos a Video Opción a rentar películas. El video club era un local de dos pisos, en una esquina, con vidrieras de piso a techo que estaban llenas de pósters de los estrenos. Los viernes, desde el mediodía, estaba llenísmo de gente que busacaba lo mismo que nosotras: pasar un fin de semana viendo películas. Fue un gran alboroto cuando pasó de rentar VHS a DVD’s” (pág. 104).

“Me acuerdo que en 1983 hubo escasez de agua en Monterrey y nos levantábamos muy temprano a hacer fila en la llave que la Cervecería Cuauhtémoc había puesto a disposición del vecindario. A veces llegábamos a las seis de la mañana y salíamos hasta las once o doce” (pág. 12).

“Me acuerdo de lo intenso e increíble que fue el coincidir con Irene Vallejo en la lectura colectiva de El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza, el 8 de marzo de 2023. Fue una lectura trasatlántica que permitió trastocar la soledad en solidaridad” (pág. 113) 

La autora presentará esta obra en la UANLeer el viernes 13 de marzo a las 11:00 en Patio Norte, con la participación de alumnos de la Preparatoria 8 de la UANL.

7. Alberto Villarreal – “Te daré el olvido” (Planeta)

En este volumen de poemas, Alberto Villarreal no se detiene ante el torrente con el que parece llevarse el amor entre las palabras. El amor es esa navegación desde cada rincón interior y además puebla de diversos elementos de la naturaleza su poesía, que se encamina a no cejar en el intento, en ese mar en que se desnuda todo. El libro tiene varios apartados: “El sueño”, “El despertar” y “La muerte”, como esas fases en que amor se pronuncia o cómo la voz poética se va desenvolviendo hasta que en cada capítulo se sienta su carga emocional hasta alcanzar matices elevados. La palabra fluye y no hay quién detenga ese andar. A destacar las ilustraciones entre capítulos, a cargo de Sebastián Larraguíbel Bours.

El amor traduce al ser, pues. Y están muchos matices, el de amor-odio por ejemplo:

“Amo y odio

todo lo que eres

amo odiar

Odio

esta contradicción mía

que detesto y abrazo

Sostengo entre mis brazos

los caminos contrarios

Se encuentran

en el centro de mi cuerpo

y descruzan

más allá

de lo que alcanzo” (pág. 33).

El poema que lleva el título del libro profundiza en la fuerza y el poder que no se detiene y que reclama desde aquello más íntimo, así lo delata: “Te daré el olvido

y desde ahí, algún día

pronunciarás mi nombre

Sangrará tu boca

Te daré el frío

de la muerte

el poder de aparecer

cuado te invoque

Voy a quemar todos los puentes

Le prenderé fuego

al hilo a tu carne

Solo quedará algo tibio

De las cenizas podrá renacer lo que ya

ha muerto (pág. 41).

Y es en esa dualidad vida-muerte donde nace eso que sustenta el vivo recuerdo:

“Elegiré el epitafio de tu tumba

Tallaré con mis manos:

No ha estado vivo nunca

Excavaré también con mis manos

el hoyo donde arrojaré los troncos

tus raíces machetedas

deshechas

Cubriré con tierra

húmeda y pesada

arrojaré sobre ti

las semillas

del Jacinto

De la flor nacerá el amante” (pág. 43).

Se destaca la presencia de Apolo, ese inspirador de poetas y al que el autor evoca en distintas ocasiones, con quien mantiene ese diálogo, porque hay algo que alienta al amor que sangra: “Apolo, me has dado un hombre muerto por

mis manos y un sendero para mis pies.

Siempre has caminado a mi lado.

No amaste como poeta, sino como hombre.

Y cómo aman los hombres si no es con

violencia.

Y cómo aman los poetas si no es desde

la distancia, señalando con el dedo

para después escribir lo que señalan.

Yo quería que alguien me viera, pero

no puede verme lo que no he tocado

antes.

Tendrás que ser lo que siempre debiste ser” (pág. 123).

Y sí el amor es todo: vida, muerte, sacrificio, como lo explora Alberto Villarreal en esta obra. 

  

6. Reynold Banda Cantú – “Catedrales en el tiempo. La esencia judía de Monterrey y el Nuevo Reino de León” (independiente)

Reynold Banda Cantú elabora un estudio a profundidad sobre la presencia judía en la zona, en especial la que parte de Nuevo León, con una extensión hacia Coahuila y Tamaulipas. Banda, apoyado en estudios importantes por universidades prestigiosas como la de Yale, Arizona o Princeton, menciona que desde la primera crónica realizada por Alonso de Léon y la llegada de Luis Carvajal y de la Cueva a estas tierras para fundar el Nuevo Reino de León se impregnan del judaísmo. Es decir, lo que la familia Carvajal, de acuerdo a esta investigación, desarrolló aquí mantiene la esencia judía. “Catedrales en el tiempo. La esencia judía de Monterrey y el Nuevo Reino de León” se va al origen de como esas prácticas aún se mantienen desde muchos aspectos sociales. La familia Carvajal, la que a su llegada a Monterrey, como se dicta en este libro, rezaba hacia el cerro de la Silla, “en dirección a Jerusalén (al oriente)”, sufrió la persecución de la Inquisición por ser judíos, así como detalles que se narran en ese libro de esa parte de la historia de Nuevo León, y cómo es que todo tiene una referencia a la labor que hicieron en estas geografías al traer su cultura y tradiciones. El mismo autor, quien nació en Monclova, Coahuila, es descendiente de judíos sefarditas. Entre los capítulos se habla de esa riqueza histórica y de relevancia en las costumbres, actividades y profesiones relacionadas con el espíritu judío, así como apellidos relacionados con judíos, los cuales (o personas con esos apellidos) han tenido gran influencia en el noreste de México. Un ejemplo es cómo los apellidos guardan una relación importante y que es donde se puede rastrear una genealogía sefardi, la cual incluye una parte en la portada: Garza, Treviño, Alanís, Cantú, García, Guajardo, Montemayor, Quiroga, Salazar, Salinas, Tamez, Villarreal… El autor menciona, además, basado en estudios importantes, cómo la alfabetización, la educación y la innovación son un factor judío que se ha desarrollado en esta región. Un ejemplo muy evidente es la cultura del ahorro, que viene de la resiliencia ante las crisis, lo que llevó a los judíos a especializarse en este rubro, sin dejar de lado el comercio, por ejemplo el de “casa por casa (inicio de muchas historias empresariales”) (pág. 181) y el préstamo, y la bolsa de valores, que son influencia judía. Los medios de comunicación, el periodismo, la radio y la televisión también son parte de ese legado o influencia, puesto que los judíos han sido “líderes en la promoción y defensa de la libertad de prensa y la libertad de expresión en todo el mundo”. Por supuesto hay más cosas que son parte de esa influencia como algunas facetas del folclor y la comida, por ejemplo el cabrito y las tortillas de harina. Un estudio amplio, que menciona Reynold, vale la pena leer su historia para apreciar su relevancia, su papel en el desarrollo y afianzar los rasgos lingüisticos, culturales y sociales en esta entidad del noreste de México.

Este y demás libros de editorial Funámbulo, disponibles es su stand en la UANLeer.

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