Llega Iscariote al Horror Fest y a la UANLeer con “Los hijos de Gomorra”

Llega Iscariote al Horror Fest y a la UANLeer con “Los hijos de Gomorra”

El 14 de marzo, el autor coahuilense estará en el evento de Cintermex y el 15 en Colegio Civil para presentar sus relatos que evocan pasajes de terror con tramas incómodas, basadas en el  metal más extremo

Israel Morales, Monterrey

Desde la portada, Iscariote Rodríguez anuncia hacia dónde van “Los hijos de Gomorra” (editorial Literálika): horror que incomoda, basado en el género del death metal. Y es cómo “Los ecos del capítulo XIX” funciona como una introducción inquietante y cómo aquellos que “reinan la creación” han hecho de todo por “pudrirla”. Este es un puente que arde para que la brutalidad sea la que aguarda en una cena navideña con una visión descarnada de la existencia a través de un microondas, pero ¿acaso hay un límite entre lo que se piensa y la realidad? “Una caja de Pandora” tiene como telón de fondo “Cracked brain”, de Destruction, a como lo sugiere el autor nacido en Saltillo. Y hay que aclarar que las canciones son un gran complemento para las temáticas que aborda Iscariote.

“La cruz de la bestia” sucede en la guerra de Vietnam con napalm y el olor a muerte en la selva, donde un soldado yanqui hace algo que no dignifica el paladar, pero que da cuenta de que hay secretos que guarda un pozo, y más si tiene tinte de ladridos apagados. Y si quieren saber de dónde vienen los motivos de esta narración, Iscariote pone a dos bandas mexicanas de grind y death metal: el título es por gracia de Medical Negligence y “Comunión con la violencia” de Dios Perro.

Y a continuación un cuento ubicado en Monterrey, como vendrán otros más, “Lo nacido de la canícula”, en el que un mago escucha historias terroríficas de sus clientes que acuden a su local en el Mercado Juárez, pero entre un calor asfixiante y los propios males del cuerpo provocan que este curandero explore más allá de las sensaciones que implican este mundo, porque hay otro, uno alterno, que sucede en el río Santa Catarina, a donde se dirige a realizar un ritual que lo hace confrontarse a una amalgma maligna que adquiere diversas formas, pero es que los pensamientos horribles de los clientes tienen que irse, pasar a otra etapa. Así el mago pone a prueba su poder al tener un roce con alguien en el Metro, que lo hace sentir todo el mal que invade a la persona con quien tuvo ese contacto. En esta narración está Slipknot presente con “All out of life” y “Duality”, claro, como una iluminación para seguir el escabroso camino.

Para “Cuna de cal”, la complejidad se asoma entre visiones escabrosas y cómo lo terrible a veces se guarda en lo profundo, tanto que quizá haga que se explore una parte que desafía todo canon de comportamiento. Y sí hay canción sugerida, pero no hay que quitarle la emoción al relato y hacer que el lector la descubra en el libro.

“Rincones perversos” es uno de sus cuentos que mejor define dos de los temas de su narrativa: muerte y violencia, y es que para César Arnoldo todo es posible cuando de saciar instintos se trata. Y en verdad no sabe lo que le espera al aceptar una invitación tan escabrosa como su existencia, así que de Monterrey viaja al vecino Saltillo a perseguir su macabra perversión, listo para que todo explote, y más si la brutaldiad de Cannibal Corpse y Pit Of Zombies hacen su desgarriate sin clemencia.

“¡El hombre de la casa!” es una pieza que tiende un puente mortuorio e infame con un arma que en cualquier momento puede dispararse y “Muerte en vida” acaricia esa desilusión de lo que se percibe alrededor, pero no todo lo que brilla es digno, y Proteo se enfrenta así, sin más, a la parca.

Y continúan los pasajes oníricos y desoladores, que no privan a lo que Iscariote atiende en cuanto a narración, porque supo delinear muy bien las historias, de pronto con algo de sutileza, sin que lo explícito se desborde, puesto que por sí solo atiende a la viveza del cuento, aunque hay que tener cuidado si es que no quieren quedar atrapados en su atmósfera, como pasa en “Pactos retorcidos”, uno de sus mejor cuentos en que Arturo en el desierto se enfrenta a seres malignos y el futuro es aún más certero que los tiros que lanzó antes de que su vida explorara un radical cambio. Suerte de fresco desolador y abrumador es lo que explora en “Conejitas de la selva”, y Red es la protagonista de una dura y descolocada mente enfermiza, y sí sucede donde el olor agónico hizo de todo: la guerra, cerca a una frontera con Camboya, con tintes oscuros. “Napalm”, de Avatar es parte del soundtrack.

Y dos más cierran la obra: “El baile de Saint Salomé”, con la destrucción como uno de los temas y también trata de la sobrevivencia en tiempos complicados: el fin que se acerca y todo estos deriva en vidas al filo de la navaja y “El legado de Ismael Cabrera”, y toda esa toxicidad que se respira y que el futuro será quizá muy distinto a lo que muchos pudieran vaticinar.

Así son los relatos de “Los hijos de Gomorra”, pero sin duda hay que dejar que cada lector explore en estos panoramas oníricos y macabros, con gratas y macabras sorpresas.

Iscariote tendrá dos presentaciones de “Los hijos de Gomorra”; la primera el sábado 14 de marzo en el Horror Fest 2026, en Cintermex, a las 17:00. Para cerrar el domingo 15 de marzo en Café Literario, de la UANLeer, a las 19:00, con la participación de Pedro Hernández, quien forma parte del staff de Dark Vission.

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