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– “Me gusta mucho contar historias”, expresó el pianista y arreglista

Ciudad de México.- Secretaría de Cultura

El pianista, compositor y arreglista Héctor Infanzón, presentó recientemente en el Centro Nacional de las Artes su disco Live in Hong Kong, material de su  cuarteto, y hace una semana actuó en la Gala Centenaria con el estreno de  Iris, una obra para el cuarteto de percusiones Tambuco, acompañados de la  mezzosoprano franco húngara Katalin Károlyi, con la que se conmemoró el Centenario del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

“Se me ocurrió”, narra en entrevista Héctor Infanzón, “la idea de trabajar una obra en la que rescatara el espíritu de Esperanza Iris como si estuviese en el teatro porque hay toda una leyenda de que aún ronda por el teatro y cuando anda rondando, le prenden un reflector en su balcón donde solía asomarse, porque vivía ahí, le ponen flores y así es como le rinden homenaje a su alma; entonces con esa historia me quedé y la obra tiene que ver con eso”.

Iris, es una pieza para dos marimbas, vibráfono, voz y piano, que formó parte del concierto Gala Centenaria del pasado 27 de mayo en el Teatro de la Ciudad.

“Desde mi perspectiva estética hago eso, tratar de emular el alma rondando por el teatro, jugar a toda la cantidad de música que se hizo, después ella lo preside y vuelve a desaparecer”.

El músico mexicano también habló de su reciente producción discográfica, Live in Hong Kong, grabado en esa ciudad, mientras el cuarteto de Infanzón realizaba una gira por Asia. En este álbum se incluyen piezas como La chipita, No porque me acuerdo, Aquí en mí, Zócalo y Cómo en feria.

“La temática era justamente contarles un pedacito de México, cómo vivimos en México, en Hong Kong me interesaba también compartirles qué sucede en una ciudad como la de México”. Live in Hong Kong, está basado en lo que para Héctor Infanzón ha sido una importante fuente de inspiración para componer, la Ciudad de México.

“Yo nací en el Eje Central, San Juan de Letrán, entonces, veía Bellas Artes, la Torre Latino, todas las tiendas, oía el bullicio y con el paso de los años de repente me preocupaba el hecho de tanta hibridez, de cuál es la identidad de nosotros que vivimos en esta ciudad y de repente me di cuenta que la hibridez y el eclecticismo son un concepto en sí mismo, entonces así me animé a grabar el disco de Citadino recopilando los sonidos de la ciudad los vendedores ambulantes que tienen un canto muy especial, el sonido de los cláxones cuando uno cierra los ojos, armonías completamente disonantes que pueden convertirse en música, la voz de la gente, el choque de los cuerpos que acabé haciendo una obra para cuerpusión para Tambuco también y todos los sonidos de la ciudad me implican un eclecticismo que finalmente eso somos los mexicanos.

“Me gusta mucho contar historias, no es nada más las notas y qué padre está la armonía, no, es contar historias; siempre tienen título mis piezas que tienen que ver con experiencias de toda índole: las históricas, que acabo de contar, las sociales y también las personales y a veces no son tácitas pero están intrínsecas las emociones”.

Héctor Infanzón nació en una familia de artistas, la música para él fue algo natural, “mis hermanos y yo jugábamos a la música, veíamos a mi papá con todos los instrumentos que había en la casa, crecimos en un ambiente natural artístico, nos ponían a actuar desde pequeños, jugábamos con mi papá a la música, alrededor de él, nos daba un instrumento y con él jugábamos, cantábamos y entonces crecimos con esa afortunada formación musical y fue natural cuando llega la hora de decidir a qué me voy a dedicar pues no sé hacer otra cosa, jugar a la música”.

En el jazz encontró la libertad para expresar. “El jazz fue una consecuencia lógica de darle cabida a la improvisación, ahora que lo pienso siempre he sido un improvisador natural. La improvisación siempre estuvo presente, entonces cuando ingreso a la escuela de música, entre lo que estudiaba las obras formales, también me gustaba explorar armónicamente y eso me llevaba a buscar otros estilos, cómo se hacen y cómo se tocan otros estilos, la música popular y afrocaribeña, que es lo que tocaba mucho mi papá y tenía su agrupación de música cubana. Esta inquietud por improvisar me llevó a buscar estilos y cuando encuentras el jazz, que por excelencia es la improvisación, te sientes muy cómodo, te sientes que puedes explorar más, es un estilo que se alberga totalmente en la improvisación, con el paso del tiempo las improvisaciones se convierten en ideas que después se convierten en obra”.

Héctor Infanzón ha trabajado con orquestas, agrupaciones y solistas como Papo Lucca, Carlos Santana, Chilo Morán, Wynton Marsalis, Rodrigo Cárdenas, Tania Libertad, Marcial Alejandro y Francisco Céspedes; así como Tambuco, el Cuarteto Latinoamericano,  la Orquesta Filarmónica  de la Ciudad de México, la Orquesta Filrmónica de la UNAM, la String Orchestra of the Rockies de Estados Unidos y la Tönkunstler Orchestra de Viena, con directores como Fernando Lozano, José Areán y Rodrigo Macías, entre otros. También ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fonca y desde el 2013 dos festivales de jazz llevan su nombre.

Su música abarca prácticamente todos los estilos, es compositor de conciertos para instrumento, música de cámara, clásica, ecléctica, popular y rock.

“La improvisación me ha llevado por todos estos estilos no sólo hasta el jazz, hasta la música clásica también que me ha permitido concretar mis ideas, grabarlas. De repente me asustó porque muchas de las improvisaciones que he hecho puede ser que se hayan ido, son efímeras pero cuando las capturo y las grabo, que ahora tengo esa costumbre de grabarlas, me encuentro con muchas ideas interesantes que pueden ser motivos para otras obras”.

En el piano, Héctor Infanzón encuentra prácticamente todas las posibilidades rítmicas, armónicas y melódicas. “Es la vida misma, yo me levanto y lo que quiero es estar sentado ahí, levanto la tapa y empiezo a sonar notas y me sugieren cosas. Es mi modo de vida y mi mundo, el mundo que uno se crea, llegar a mi lugar, mi casa, mi santuario es mi piano que después lo comparto con la gente y la gente se emociona, si le arranco una emoción estoy del otro lado, quiere decir que sí vale la pena, entonces sigo componiendo, creando historias para poder conectarme con el alma de otras personas que para eso es el arte”.

 

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