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Israel Morales/Vitrinanews

Cameron (editorial Almadía) es una obra que trae el impulso de la historia personal, que se despliega en un territorio en que hace eco la vida del protagonista. Julio Cameron tiene una pierna artificial y se mueve en una ciudad con sus límites. Es el último de un linaje con el mismo nombre: “Julio Cameron: como mi padre, a quien no conocí; como mi abuelo, el general Cameron; como mi bisabuelo. Me gusta ver a Mita, en las mañanas de invierno, lustrar en la puerta de casa la placa con el nombre de todos” (pág. 7).

Viejo que contempla el paisaje, sale a pasear, escucha música por la noche en el Club de Jazz, va al Círculo de Lectura. Hasta que un día luego de una fiesta extraña y una madrugada de la que no recuerda nada, su vecino Orsini lo aloja, pues lo busca la policía; su cuerpo es ahora el centro de distintos discursos, una narrativa que parte de la historia personal a lo que sucedió en su entorno en momentos perdidos.

Esta obra del autor argentino Hernán Ronsino parte de la historia personal a la colectiva. La venganza y los enigmas individuales juegan un papel preponderante en los planos del relato, que en frases cortas se encabalgan en acometidas del narrador que describe, diserta, se adentra en los laberintos de la memoria, exalta aquello de lo que es despojado.

La literatura es un cuerpo que gravita entre lo que sucede y lo que pudo suceder, en los dos ámbitos se genera el rumor que cala hondo, a un paso de la verdad. Hay una línea que se puede romper en cualquier momento, como la que Cameron espera a cierta distancia, pero siempre con ese otro que lo aguarda entre las sombras. Hernán Ronsino presentó el libro ayer en la Casa del Libro y hoy estará a las 10:00 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

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