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Despachador de pollo frito, obra que presentó hace semanas en Monterrey. FOTO: GUSTAVO MENDOZA

El autor nacido en Torreón muestra relatos envueltos en distintos planos, en los que se exploran límites o los capaces de trascender el mito, sea un clásico del rock o un drama épico a la fast food, con risa incluida

Israel Morales/Monterrey

Carlos Velázquez estuvo de paso por Monterrey para presentar su libro Despachador de pollo frito (Sexto Piso-UANL), un mundo de ficción del que rescata mitos del rock y situaciones salidas del control cotidiano, con personajes sometidos a largas dosis de humor. Así platica sobre esta obra.

      

¿Qué es la música para ti en la función que le das a tu literatura?

Cuando estaba morrillo, mi primer acercamiento a la literatura fue básicamente en revistas sobre rock, y ya cuando entré formalmente al campo de la literatura traía un bagaje de literatura musical muy grande. Entonces ya fue imposible como separar una cosa de la otra y empecé a meter cada vez los aspectos musicales en mi obra. Hasta que en este nuevo libro tengo un cuento sobre él: “Paul McCartney for dummies”. Siempre había sido la música como algo que formaba parte de la escenografía, pero en esta ocasión se convirtió en la protagonista en cuanto a la ficción. Y en las crónicas, pues yo empecé a escribir crónicas sobre rock hace 10 años, porque me hubiera gustado escribirlas desde mucho más joven, pero en Torreón no había sobre qué escribir, dos conciertos de bandas pequeñísimas cada seis meses. Así que al viajar y asistir a conciertos inicié esa otra veta, la del cronista, y tengo libros de crónicas miscelánea, donde vienen crónicas musicales y que también pronto voy a sacar otro libro sobre música. Siempre pensé que solo iba a escribir ficción y ahora tengo como dos vertientes, dos lados de escritor, el que hace la ficción y el que escribe las crónicas.

 

¿Qué encontramos en Despachador de pollo frito?

Tengo un libro anterior que es La efeba salvaje, de cuentos, que salió en 2017, y cuando lo acabé, justo cuando mandé el libro al editor, me quedé con el impulso todavía. Entonces me siento y escribo el cuento sobre Paul de un tirón y ese empezó a jalar a los otros. Y fue así como se conformó la obra. El cuento que da título es de un gordito que trabaja en un negocio de pollos, que le gusta Marilyn Manson y tiene de mascota una piraña, tengo un cuento sobre una vaquerobia, así como Óscar David López, a la que le extirpan el colon, y es un libro con el que me divertí mucho escribiéndolo.

 

¿Paul es tu beatle favorito?

A mí me gusta mucho la música, los Beatles no es mi grupo favorito, me gustan un chingo, tengo casi todos sus discos. Los Beatles que me interesan son los de los primeros años. Sin embargo, me parece que los Beatles son los grupos que más se prestan para la mitología. Entonces yo decía: hay que hacer algo con ella. Me gusta mucho Paul y toda la raza con la que me junto, que son distintos grupos, es decir me reúno con unos weyes a vinilear, con otros a escuchar progresivo, con otros para oír rock, tengo mi raza punk. Pero en todos estos círculos, mi gusto por Paul es considerado muy poco heterosexual. Entonces a mí me vale madre, me gusta Paul y es como una especie de rebeldía escucharlo. Y lo que pasa con Paul del 66 del accidente del coche, que supuestamente se muere y es suplantando por otro sujeto, pues esto lo convierte para mí en un personaje y a partir de eso me agradó para escribir una historia. Y cómo escribirla y luego ya empieza uno a operar, metes a este detective mexicano, haces esta especie de conjura.

 

¿Me gustó la portada del libro con Buzz de los Melvins, una de mis bandas favoritas de metal alternativo?

Es sludge metal. Me encantan los Melvins. De hecho he tenido enfrente a Buzz Osborne en EU, en concierto. Nosotros ya teníamos portada para el libro que era un tipo en muletas con una pierna enyesada al pie del cerro. Y se veían las escaleras y una iglesia, me encantaba la foto. Estaba convencido de que era la portada, pero no pudimos dar con el crédito del fotógrafo, no pudimos usar la imagen. Y vimos 55 millones de fotos sobre pollos, sobre restaurantes de comida y nunca dimos con ella hasta que apareció esta fotografía por arte de magia. Y dijimos esta es la portada. No tiene nada que ver con los Melvins el libro, pero sobre todo el gesto refleja muy bien el espíritu del contenido. El gesto revela muchas cosas. Tú lo ves y dices él es el despachador. No lo es, me da miedo, me da risa, entonces ya no íbamos a encontrar otra imagen igual y se quedó.    

 

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