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Sputnik.

Foto: Carlo Alberto Alessi/ Sputnik

El mundo no se recupera aún de las impactantes imágenes del viaducto Morandi, el concurrido puente de Génova que se desplomó y dejó decenas de muertos. En este caso, hay indicios que apuntan a errores constructivos, pero en la mayoría de las caídas se debe a la edad de las obras y la falta de mantenimiento.

Por el puente se extendía la autopista A10, una importante ruta que conecta la región de la Liguria con el sur de Francia y por la que circula gran parte del tráfico italiano que va hacia el país vecino. El colapso se dio en la víspera del día festivo de de Ferragosto, en el que las personas se desplazan fuera de las ciudades.

Pero no es el único caso de este año. En marzo, un puente peatonal de la Universidad Internacional de Florida en Miami se cayó cuando fallaron algunos de los cables que lo sostenían, y dejó un saldo de seis muertos. En Colombia, en los últimos años se desplomaron cinco puentes, entre ellos el de Chijara.

Este último, ubicado en la autopista del Llano, que une Bogotá con Villavicencio, también falló en el diseño, y una viga que sostenía la pista colapsó. Unos cuatro años antes, en el frenesí previo al Mundial de Brasil 2014, un viaducto en Belo Horizonte cayó a pocos días de que la ciudad acogiera su primer partido, presumiblemente por errores de proyecto.

En el caso de Génova, hay voces que apuntan a la falta de mantenimiento. Pero otros, como Antonio Brencich —ingeniero civil, profesor de la Universidad de Génova— aseguran que el problema está en la tipología de este y otros puentes proyectados por el italiano Riccardo Morandi. En América Latina existe uno: el General Rafael Urdaneta sobre el lago Maracaibo.

Como recordó en diálogo con Sputnik Gonzalo Cetrangolo, doctor e ingeniero civil, profesor de la Universidad de la República (Uruguay), “se venía diciendo que era hora de reemplazar” el viaducto Morandi, pues “tenía ciertos problemas y requería muchos mantenimientos”.

En los 80 llegaron a una buena solución. Entendieron el problema que estaba pasando y llegaron a estabilizar el puente, pero en los últimos años ingenieros italianos empezaron a decir que era hora de pensar en cambiarlo”, dijo.

 

Dos claves: mantenimiento y vida útil

Además de las cuestiones de diseño, estos elementos son vitales para que una infraestructura como la que colapsó en Génova no corra la misma suerte, indicó a Sputnik Cetrangolo.

“Uno da por sentado que las estructuras resisten y en realidad eso es cierto bajo ciertas condiciones. Una de ellas es un adecuado mantenimiento, si están bien construidas, como es el caso de la mayor parte de las estructuras que existen”, afirmó el profesor uruguayo.

En muchos casos, las estructuras que caen datan de la última posguerra. En el caso del puente Morandi, fue inaugurado en 1967, en pleno milagro económico italiano, una época de expansión de la obra pública en todo el país.

El hormigón armado utilizado en buena parte de estos proyectos es ciertamente “un material perdurable con buen desempeño”. Sin embargo, el paso del tiempo lo va “afectando”. Por eso, el control escrupuloso de la salud de la estructura es de vital necesidad, especialmente a 50 o 60 años de erigida.

“Están empezando a aparecer estos problemas en varios países del mundo, incluso en la región, porque [el hormigón armado] se usa en obras de infraestructuras hace 60 o 70 años con mucha asiduidad”, indicó el ingeniero.

Si bien no tienen un “buen marketing” como las inauguraciones de obras nuevas, las intervenciones de mantenimiento se realizan a menudo. Los ciudadanos tienen una percepción negativa porque, en general, cuando se repara una vía o un puente, la imagen que queda es la del corte del tránsito y el desvío.

“La gente da por sobreentendido que la estructura tendría que estar funcionando bien” —dijo Cetrangolo— “Aunque vende mucho menos en términos de publicidad, el mantenimiento es muy necesario y lamentablemente nos damos cuenta cuando pasan este tipo de hechos”.

Luego, las soluciones se plantean con una determinada vida útil para determinadas circunstancias. Por ejemplo, de unos 50 o 60 años. “Con el paso de los años, ya cumplió su fin y hay que hacerla nuevamente”, agregó el experto. Cuando se llega a este escenario, se empiezan a “emparchar” las estructuras para estirar su vida útil. Si esta solución no es más posible, “es tiempo de hacerlas nuevamente”.

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