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Los principales cuestionamientos de los inversionistas y que podrían tener repercusiones en el mercado cambiario mexicano son: conflicto post-electoral por el no reconocimiento de la derrota por cualquiera de los dos contendientes; qué candidato es más favorable para los mercados financieros dada su plataforma política y; preocupación en torno a la relación de EUA con México.

CIBanco.- Ciudad de México

Estamos a tres semanas de que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en EUA (3 de noviembre). Conforme se acercan las elecciones presidenciales en EUA, crece la preocupación y las preguntas de qué dirección tomarán los mercados financieros globales, en particular el peso mexicano.

Dado el sabor amargo que dejó la última elección celebrada en 2016, con fuertes episodios de volatilidad y con el sorpresivo triunfo de Donald Trump, esta elección ha sorprendido a los operadores ya que otros temas a la par de los comicios han tenido mayor impacto en los mercados, en particular en el peso mexicano.

Destacan la negociación de un paquete de estímulos económicos-fiscales en el Congreso estadounidense y lo relacionado a la pandemia, tanto por la parte de avances en vacunas, como en los rebrotes en algunas regiones del mundo.

Para esta ocasión, la situación es diferente a la del 2016. En ese año, el factor México fue uno de los elementos centrales de la campaña de Trump. Amenazas con romper el TLCAN, construir un muro, cerrar fronteras, confiscar remesas, entre otras, fueron el común denominador del entonces candidato del partido republicano.

Ahora, aunque no se puede descartar una retórica negativa en estos restantes 22 días en contra de nuestro país, la firma del T-MEC, los acuerdos en materia de control de migrantes, la visión de Muro parcial, nos hace suponer que posibles ataques serían de bajo perfil y con impacto limitado.

Dado lo anterior, el proceso se enmarca en uno muy similar a los previos del 2016. En este sentido, la reacción del mercado cambiario no depende tanto de la ideología del partido que ocupa el poder sino con el cambio que se produciría en la Administración y todo lo que eso acarrearía. De hecho, históricamente, ningún partido político ha sido exclusivamente bueno o malo para los mercados financieros, ni para el peso mexicano.

Los principales cuestionamientos de los inversionistas y que podrían tener repercusiones en el mercado cambiario mexicano son: conflicto post-electoral por el no reconocimiento de la derrota por cualquiera de los dos contendientes; qué candidato es más favorable para los mercados financieros dada su plataforma política y; preocupación en torno a la relación de EUA con México.

 

Conflicto post-electoral

Aunque las encuestas dan una ventaja superior en 10 puntos porcentuales a Joe Biden, creemos que estamos ante un proceso mucho más cerrado. Las elecciones de 2016, con la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton contra todo pronóstico, son un ejemplo reciente de cómo las encuestas pueden equivocarse.

Sin embargo, ahora la preocupación principal de los inversionistas es un posible desconocimiento de los resultados electorales, sobre todo por las recientes declaraciones del presidente Trump de que él difícilmente aceptaría una derrota. Con un resultado reñido, el hecho de que el ganador no se conozca en la noche electoral puede derivar en litigios y en una volatilidad significativa en los mercados financieros globales durante un período prolongado. En el caso particular del peso mexicano la incertidumbre podría presionarlo más de un peso respecto al dólar.

Buena parte de estas dudas que pueden surgir en el conteo de votos tiene que ver con un elemento que a raíz de la pandemia por Covid-19 cobró relevancia en este proceso electoral y se diferencia de los anteriores: una gran cantidad de voto por correo.

Históricamente, los demócratas son quienes más han utilizado este mecanismo de votación, lo que puede arrojar un resultado en la noche electoral que no sea el definitivo. Luego de que el coronavirus creó un repunte en los votos por correo y se reportaron demoras en el servicio postal del país, se prevé que el número de votos rechazados en noviembre sea significativamente más alto en comparación con comicios anteriores.

Si los votos son rechazados a la misma tasa de la que hubo durante las primarias de este año, hasta tres veces más votantes podrían ser rechazados en noviembre en estados clave respecto a lo registrado en las elecciones presidenciales pasadas, lo que podría generar reclamos y acusaciones de fraude.

La parte perdedora podría no reconocer el resultado electoral, recurriendo ante el Tribunal Supremo y restándole legitimidad. Podría haber días, incluso semanas de incertidumbre. El capital político y el margen de maniobra de la nueva administración se resentirían, con implicaciones negativas para la economía y los activos financieros.

Sin duda, esto es lo que se ha convertido en la principal preocupación de los inversionistas. El escenario óptimo para los mercados es que se consolide la ventaja del demócrata Biden en algunos Estados clave, lo que evitaría un resultado ajustado que derivaría en conflictos judiciales y recuentos.

 

Candidato más favorable para los mercados financieros

En términos muy “tecnócratas”, los inversionistas podrían esperar que los mercados financieros prefieren un presidente republicano a uno demócrata, ya que el Partido Republicano es considerado en términos relativos frente al Partido Demócrata como partidario a una menor intervención del gobierno y más proclive al libre mercado y la desregulación.

Sin embargo, esta hipótesis no necesariamente la apoyan los datos. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial en las últimas 18 elecciones a las bolsas estadounidenses le ha ido mejor con los presidentes demócratas que con los republicanos.

El resultado electoral y sus posibles efectos sobre la economía y los mercados no se medirán por tanto solo por quién será el nuevo presidente sino por el conjunto del equilibrio de poderes, en una noche electoral que promete estar plagada de incertidumbres.

Al menos podemos considerar tres escenarios de resultados electorales como los más probables de suceder: 1) Biden gana la presidencia y los demócratas tienen control de las dos Cámaras del Congreso; 2) Biden gana la presidencia y el Congreso permanece dividido y; 3) Trump se queda en la Casa Blanca mientras el Congreso permanece dividido.

La subida de impuestos a las empresas que plantea en su programa Joe Biden es sin duda el punto que más inquieta a los inversores. La política fiscal es especialmente sensible para los mercados financieros.

Si los demócratas también ganan una mayoría en el Senado, manteniendo la de la Cámara de Representantes, Biden también podría deshacer muchos de los recortes de impuestos de Trump, añadir más subidas de impuestos (sobre todo a los de mayores ingresos) e inclinarse por una política de gasto expansivo. Cualquier alza tributaria podría suponer una presión vendedora en los activos de mayor riesgo.

Sin embargo, es necesario también ponderar que ese efecto negativo podría quedar compensado en buena parte por el impulso económico de los planes de transición energética y de infraestructuras y a que con Biden se reduciría la incertidumbre sobre la política comercial y la relación con China. Este último elemento con Trump ha sido generador de fuertes caídas en los precios de activos riesgosos, entre ellos, el peso mexicano.

Actualmente, poco a poco los mercados financieros, incluyendo el peso mexicano están incorporando un triunfo de Biden, dada la actual ventaja del candidato demócrata, la cual se ha ampliado a raíz del primer debate presidencial y de que Trump anunció que tenía COVID-19. En sentido estricto, pareciera no preocuparles el cambio en el partido que gobernará, que generalmente es lo que termina traduciéndose en volatilidad financiera (ajuste al status quo). Así, una eventual victoria de Biden podría incluso terminar siendo positivo para el peso mexicano.

 

Relación de México con EUA

Al igual que para los mercados financieros globales, existe la percepción de que a México le va mejor con administraciones de presidentes del partido Republicano que con demócratas. La realidad es que la evidencia empírica de los últimos 30 años no muestra un cambio radical en la forma en que se lleva la agenda bilateral dependiendo del partido, salvo con la actual del presidente Trump, donde México se ha visto afectado por las continuas amenazas del mandatario estadounidense.

En este sentido, no hay que olvidar las implicaciones que pudo haber tenido la visita del presidente López Obrador a su homólogo Trump. Por algunos analistas en EUA, la lectura que le dieron a la visita fue de “espaldarazo al mandatario más polarizante en la vida moderna” del vecino país del norte, y aseveraron que el equipo de Joe Biden pasará una “factura política y diplomática muy onerosa” al gobierno de López Obrador en caso de que el integrante del Partido Demócrata gane las elecciones.

La realidad es que hubo más reacción en México que en EUA. Los medios informativos estadounidenses le dieron pocos reflectores al encuentro debido a la problemática muy seria de la pandemia.

En sentido estricto, Joe Biden parece tener una mejor percepción de lo que es mejor para la relación bilateral entre México y EUA. Biden conoce a fondo la relación bilateral. Desde el Senado y luego como vicepresidente ha estado presente en asuntos muy relevantes como la aprobación del TLCAN en 1993, respaldo del paquete de rescate financiero de 1994, e iniciativas en materia de migración y seguridad.

Esto no significa que no pueda haber fricciones y acusaciones. Es un hecho que parte de los ajustes que la administración del presidente López Obrador está realizando en materia económica y el enrarecido clima de negocios en México ya son materia de análisis en el equipo de Joe Biden. Cualquier medida que impacte negativamente en la inversión estadounidense probablemente derivará en un llamado de atención.

Por su parte, uno de los elementos que se escuchan a favor de Trump es que podría ser un contrapeso para alguna de las decisiones polémicas del Presidente López Obrador en términos de inversión y competitividad.

Alcanzada la conclusión y entrada en vigor del T-MEC (en sustitución del TLCAN), de México al presidente Trump solo le interesarían temas de migración, seguridad fronteriza y el trasiego de drogas, por lo que difícilmente se involucraría en asuntos de interés interno en México.

Bajo el escenario de que si Trump resulta reelegido y el Congreso sigue dividido simplemente ampliaría la situación actual. Sin embargo, como ya no tendría que preocuparse por las perspectivas de reelección, podría ser aún más propenso a ignorar a sus asesores más competentes y el resultado de todo ello podrían ser políticas públicas y acciones aún más erráticas y perturbadoras. Esto no sería tampoco benéfico para la moneda mexicana, porque seguiría a expensas del humor y/o decisiones en su mayoría ríspidas del presidente Trump.

Si la victoria es para Biden, no sabemos si tendrá el mismo contrapeso que logró Trump sobre el gobierno mexicano, lo que surge como elemento de riesgo para percepción de los inversionistas y del mercado financiero.

En conclusión, la victoria de cualquier candidato no será libre de riesgo para la moneda mexicana, pero consideramos que los mercados estarán más volátiles si el proceso electoral y resultados de la votación no son claros ni contundentes. En el mediano plazo un triunfo del candidato demócrata le podría terminar beneficiando a la relación con México, y al peso mexicano ante un escenario de menores amenazas y mayor integración regional.

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