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Israel Morales/Monterrey 

Para este Día del Niño, enseguida te recomiendo cuatro volúmenes que abordan la infancia desde diversas perspectivas. Las cuatro con mensajes muy importantes.

 

Navegantes

La primera es la revista Navegantes, editada por la UANL, que en su número 01 muestra en el barco lecturas como “La aventura de escribir para niños”, de Francisco Hinojosa, con autores que platican sobre su obra. Ana Rodríguez López lo hace a través de “Contar al cuenta-cuentos”; Jorge Alberto Silva con “El juego de reírse en serio” y Pamela Cedeño en una entrevista amena que titula “El gusto de escribir para los niños, el público más exigente”. Y de pilón, “Ana, ¿verdad?”, una pequeña muestra de Francisco Hinojosa, uno de los mejores autores de la literatura infantil mexicana y uno de los más leídos.

Otros ensayos incluidos son “Educación nutricional para la infancia”, de Dicmar Hilerio Cruz; “Los lenguajes del juego en la niñez”, de Ana Fabiola Medina o “Los monstruos también son bellos”, de Carlos Calles, entre demás pinceladas a mar abierto de autores como Alberto Chimal o Joselyn Silva Zamora.

Nicola Berry

La segunda recomendación se llama Nicola Berry y el petrificante problema con la princesa Petronella (V&R Editoras) de la escritora australiana Liane Moriarty, quien lanza dos preguntas por supuesto dedicadas a los niños: ¿Y si el planeta Tierra dependiera solo de ti? ¿Y si solo tuvieras un día para evitar la peor? Y es que a la protagonista, Nicola, le quedan algunas horas para salvar el mundo. Pero no lo va a hacer sola, la acompañan sus dos mejores amigos, su molesto hermano mayor, su enemiga íntima y una niña extraterrestre más alta de lo normal, esta última alentada porque no quiere ver este hermoso planeta destruido. Con una gran carga de imaginación, en esta obra no falta la emoción y las grandes ideas para convencer a la llamada princesa de Globagascar, la mala del cuento, de convertir a la Tierra en un basurero. La tarea es difícil, pero jamás complicada para este grupo de niños inquietos. El mensaje es claro: los niños tienen el futuro en sus manos.

La historia de Greta   

Otra obra que se une a esta lista es La historia de Greta. ¡No eres demasiado pequeño para hacer cosas grandes! (editorial Planeta), que es la biografía no oficial de Greta Thunberg, escrita por Valentina Camerini. El nombre de Greta se propagó por el mundo ante un hecho que causó asombro, pues a sus 15 años estaba dispuesta a protestar por algo que no solo le concernía a ella, sino a todos los habitantes del planeta. El 20 de agosto de 2018, en Estocolmo, Suecia, ella no acudió a clases, pues estaba dispuesta a empezar una huelga frente al Parlamento, pues no podía esperar, mucho se tenía que hacer para salvar el medio ambiente. Ese fue el primer #fridaysforfuture de la historia. Que se replicó en muchas partes del mundo. Distintas circunstancias motivaron a Greta a emprender ese camino: las altas temperaturas, debido a los incendios en su país y las pocas acciones concretas para detener el cambio climático, las ideas poco claras de los líderes mundiales sobre los problemas ambientales y algo muy importante: el futuro. Este relato muestra sus breves, pero se espera fructíferas andanzas, ya sea en bicicleta o en tren, para no contaminar. Que van de Londres a Polonia, en la conferencia sobre el clima organizado por la ONU, donde se reunió con el secretario António Guterres, o en el Foro Económico de Davos, donde leyó sus discursos. El 15 de marzo de 2019 se realizó la gran huelga por el clima y en marzo de 2019 fue nominada al premio Nobel de la Paz.

Gus y yo

Y por último, Gus y yo. La historia de mi abuelo y mi primera guitarra (editorial Malpasito). El autor de este libro pulsa las cuerdas de una banda sonora que acompaña nuestros vaivenes desde hace más de medio siglo. La ilustradora debuta con esta obra y la verdad lo hace muy bien, con el colorido que lleva a la emoción de la música que es descubierta en la etapa infantil. Así que padre e hija se unen para rendir tributo a la música y a la familia. Él es Keith Richards y ella Theodora Dupree Richards. Esto es muy significativo por varias cosas. Pese a que pareciera que Richards fue un niño maldoso, todo lo contrario, en este libro denota su gran sensibilidad y amor a su abuelo, Theodore, a quien llamaba Gus, quien lo sacaba a pasear en el Londres de la posguerra y el lado amable lo encontraba, entre otras cosas, en las tiendas donde reparaban instrumentos. Ahí se enamoró de ellos y en especial de la guitarra. La primera desde luego se la regaló su abuelo, quien le dijo que iba a ser suya si la alcanzaba, pues la tenía en lo alto de la pared, cuando por fin la alcanzó le enseñó a tocar “La malagueña”, canción escrita por el compositor cubano Ernesto Leucona. Su abuelo le dijo que si aprendía a tocar esa pieza, iba a poder tocar cualquier cosa. Keith aprendió eso y más, luego fundó una banda de rock muy famosa, tiene 350 guitarras e hizo este libro como un homenaje a Gus, su abuelo, y no se olvida de su primera guitarra. Su hija ilustra este pasaje de su vida.

En esta obra de Richards demuestra los momentos que atesora de la infancia. Y pese a lo complicado que pudo ser vivir con los estragos de la Segunda Guerra Mundial, pues la casa de Keith fue destruida por un misil y sus padres lo sacaron de entre los escombros cuando apenas era un bebé, los mejores recuerdos vienen del afecto de la familia, en especial de su abuelo.

 

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